SEMANA DE LA INDIGNACIÓN Y CONCIENCIA CIUDADANA EN CONCEPCIÓN

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El 15 de octubre del año 2018, un grupo de ciudadanos concepcioneros se sacudieron del polvo del silencio, y salieron a pelear con las armas democráticas, avaladas por la Constitución paraguaya en contra de la impunidad, la injusticia y la corrupción.

No portaron armas nucleares, ni ametralladoras, no portaron un AK 47, no intercambiaron M16, no pelearon con armas de fuego, nooo…no secuestraron a ningún político, no extorsionaron con impuestos revolucionarios, no asesinaron a otros concepcioneros, aún teniendo la posibilidad de hacerlo, consideraron que no era la forma.

El derramamiento de la indignación se hizo sentir, caminando por las calles y avenidas de Concepción, en especial frente al domicilio de algunos responsables del desfalco. Lo hicieron con megáfonos, banderas, músicas, petardos, y en algunos casos, la quema de cubiertas de goma, huevos podridos, pintatas, o «la contundencia letalidad de papel higiénico» en señal de protesta contra la imperante corrupción.

Muchos de ellos fueron perseguidos, encarcelados, imputados, y hasta el día de hoy sometidos a procesos judiciales. Si bien, en muchos de los casos, existieron infiltrados entre ellos, tal vez enviados por los mismos desalmados que dañaron la imagen de la indignación ciudadana, desarrollada dentro del marco de la ley.

Los adjetivos calificativos, (vándalos criminales), utilizados en contra de los manifestantes, emitidos por los algunos serviles de la mafia, fue letal para denigrar y afectar la reputación de los prematuros indignados, quienes se consideraban “cultos”. Tras ser heridos y ofendidos, muchos prefirieron el anonimato, retrocedieron de sus luchas, y se resguardaron por temor a perder sus status sociales, mientras otros fueron coartados y extorsionados de forma indirecta, despedidos del trabajo, o con recortes salariales.

Pero un pequeño grupo decidió enfrentar a la mafia: La mayor organización criminal que jamás haya tenido Concepción, la feroz represión policial, los carros hidrantes conducidos por unos furiosos foráneos, que arrasaban con todo, balines de goma, los gases lacrimógenos vencidos, las denuncias en la fiscalía contra periodistas que no comulgan con el gobierno de turno, amedrentamientos que provenían de los propios concejales municipales, que viven en romance con el cuestionado ejecutivo municipal.

 La mafia del ocultismo (mimetizado en la masonería, el catolicismo y un endeble protestantismo). La cadena de complicidad entre miembros de la Policía Nacional, funcionarios del Ministerio Público, del Poder Judicial, de la Municipalidad, la Gobernación, del Ministerio de Salud, del Ministerio de Educación, y algunos de la Universidad Nacional de Concepción.

Mas de 10 mil funcionarios públicos en Concepción, que se amamantan directa o indirectamente del estado paraguayo, tuvieron que guardar silencio y observar desde las graderías, como quedan impune los casos de corrupción, como roban descaradamente el almuerzo de los niños, como se enriquecen sobre el dolor ajeno.

Uno de los pasos importante fue la posibilidad de intervenir la Municipalidad, por el poder Ejecutivo de la Presidencia de la República, derecho constitucional que fue escupido y rechazado por la coyuntura política de la Cámara de Diputados.

El continuo blanqueo de los documentos de supuestas rendiciones de cuentas, plagadas de irregularidades, acciones que quedan a cargo de la Contraloría General de la Republica, la impunidad, el encajonamiento de más de 50 denuncias contra la Municipalidad y la Gobernación, presentados en la Fiscalía General del Estado. El vertiginoso crecimiento económico de los políticos de turno, sin presentar ni publicar sus declaraciones juradas. Son algunos de los procesos que llevan al fracaso y a las ruinas, a la ciudad de Concepción.

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